Equilibrio
Seguir un Ritmo
En la medida en que seamos capaces de reconocer nuestras obligaciones y responsabilidades y de cumplirlas, en esa misma medida nos será posible volver hacia nuestro interior. Hasta que hayamos encontrado un ritmo adecuado y nuestra mente haya alcanzado un cierto equilibrio, es inevitable que los pensamientos se desvíen y que nosotros los persigamos. De vez en cuando volvemos a centrar la mente, y luego esta vuelve a dispersarse. Seguimos este proceso hasta que encontramos un ritmo adecuado y nuestra mente alcanza un cierto equilibrio. El equilibrio surge al seguir durante largos años un ritmo que nosotros mismos nos proponemos o que nos ha sugerido un maestro de sabiduría.
Podemos rezar: «¡Oh, Dios, dame una mente equilibrada!». La indicación que Dios nos envíe a través de un mensajero es: «Sigue el ritmo». Esa es la única puerta que se abre hacia los mundos superiores. Cuando establecemos un ritmo en nuestra vida, debemos seguirlo con la misma dedicación y a la misma hora. Esto hace que nuestro pensamiento se calme y se equilibre. Cuando estamos equilibrados, nuestra vida avanza rítmicamente y vivimos en paz.
Encontramos nuestro propio ritmo prestando atención a hacer solo lo necesario, de modo que no haya ni demasiado ni demasiado poco. Esto genera destreza en la acción. La actividad rítmica requiere que nos adaptemos al ritmo de la naturaleza. La naturaleza se encuentra, por naturaleza, en equilibrio.
La ley del ritmo es una ley mental que a menudo se desconoce y se incumple con frecuencia. La dinámica de la vida moderna nos hace pasar por alto todos los ritmos importantes de la vida. Nuestra forma de pensar también suele provocar un desequilibrio en el flujo rítmico de energía. La ley fundamental del ritmo exige que prestemos la atención adecuada al sueño y a la actividad. También debemos velar a diario por un buen equilibrio entre el trabajo, la alimentación y el descanso. Se necesitan tres llamadas de atención —una por la mañana, otra al mediodía y otra por la tarde— para que nos distanciemos de la actividad y entremos en un estado de equilibrio. Para ello necesitamos los ejercicios espirituales. Cada vez que nos tomamos un respiro de la actividad, volvemos a empezar con orden. Se dice: «Empezado con orden, llevado a cabo en armonía, concluido en paz, para retomarse de nuevo en equilibrio». Cuando hayamos asimilado estos cuatro aspectos rítmicos en nuestro interior, podremos generar una actividad enorme. Es asombroso cuánto se puede lograr con un trabajo variado sin acabar cansados ni agotados. Esa es la belleza del ritmo.
Según las enseñanzas de la sabiduría, las enfermedades surgen por la falta de armonía con la naturaleza, por hábitos alimenticios incorrectos y ritmos erróneos que no están en consonancia con la naturaleza. La enfermedad es una señal de que no nos estamos comportando correctamente.
Lo más importante es ver lo divino en todo lo que existe, cumplir con nuestros deberes, ser imparciales y no perseguir las cosas. Lo que necesitamos siempre llega a nosotros. La vida nos brinda lo que nos corresponde. Cuando somos demasiado activos, nos ocupamos de cosas que no encajan en nuestro programa vital. Lo que sea adecuado, esté donde esté, vendrá a nosotros si nos mantenemos en equilibrio.
Actuar sin pensar primero no sirve de nada, pero pensar demasiado tampoco nos ayuda. Quien piensa demasiado, actúa muy poco y acaba perdiendo el equilibrio.
Nuestro pensamiento debe equilibrarse a través de la acción. Hacemos lo que hay que hacer. La vida siempre nos trae trabajo. Si lo realizamos bien, vivimos en equilibrio. Si tenemos expectativas sobre los resultados, esto nos saca de nuestro equilibrio.
Actuar en Equilibrio
Las personas equilibradas normalmente no hacen sugerencias. Viven en consonancia con lo que les ha sido sugerido por lo Divino. No se dejan llevar por las sugerencias de los demás —las personas hiperactivas siempre hacen sugerencias—, sino más bien por lo que lo Divino tiene previsto. El objetivo supremo es trabajar de forma neutral por el bienestar de los demás y seguir una sugerencia procedente de una fuente divina, sin proponer nada por nuestra cuenta. Así es como alcanzamos el equilibrio. Si experimentamos este equilibrio con regularidad, nos mantenemos estables en el plano intuitivo o buddhico, a la luz de la sabiduría.
Podemos proponer, mediante una oración, el bienestar de todos los seres, tal y como sugieren las sagradas palabras «Loka Samastha Sukhino Bhavantu» (Que todos los seres, en todos los planos, estén en equilibrio y en paz). Es la oración más sublime por el bienestar de todos.
En cada actividad existe lo que se denomina el punto medio o el camino medio. El camino medio se encuentra a igual distancia de la inercia y del dinamismo. Si en cada actividad tenemos en cuenta el punto medio, no generamos consecuencias para nosotros mismos. El Maestro Kuthumi dice: «Sé coherente, pero no generes consecuencias». Si hacemos solo lo necesario, no generamos consecuencias. La consecuencia es un enredo. Las consecuencias surgen cuando hacemos demasiado o demasiado poco en un asunto.
Los iniciados actúan con equilibrio, y esto no tiene consecuencias para ellos. No trabajan por motivos personales. Viven para lo Divino y actúan con alegría. A esto se le denomina estado yóguico, en el que la felicidad es algo natural. No necesitamos buscarla, porque es el estado natural y gozoso. Este estado es un estado de conocimiento. La acción continúa, pero sin la causa de un motivo. A esto se le llama destreza en la acción. El Señor Krishna dice: «El yoga no es otra cosa que destreza en la acción.» Es una acción en equilibrio.
Cuando cantamos un mantra, leemos un libro escrito por un maestro o visitamos un ashram, es posible que alcancemos niveles elevados y sintamos el despertar del alma, pero quizá aún no hayamos alcanzado el equilibrio. Hay muchas personas espirituales que intentan poner orden en la vida de los demás sin ser capaces de poner orden en la suya propia. Primero deberíamos aprender a mantener nuestra propia vida en equilibrio. El maestro CVV dice: «Mientras vosotros mismos no estéis plenos, no podréis llenar a los demás».
Encontrar un equilibrio superior
Es algo muy normal que haya conflictos frecuentes en nuestra vida. El conflicto tiene lugar en los planos inferiores. Encuentra su sanación en un plano superior cuando, a través del conflicto, alcanzamos un estado más elevado de conciencia, y entonces surge un nuevo equilibrio. En cada nivel hay retos para encontrar un nuevo equilibrio e integrar lo inferior en el proceso. No se trata de escapar del conflicto, sino de encontrar el equilibrio en el centro del mismo y, de este modo, elevarnos por encima de él y resolverlo. La oposición siempre se considera un mensaje para encontrar un equilibrio superior entre ambas partes. Por eso, los videntes permanecen en armonía más allá del conflicto, porque han alcanzado un estado de equilibrio.
Normalmente, la gente quiere abandonar un grupo cuando hay demasiados conflictos. Uno se distancia para vivir en paz, sin conflictos. Eso está bien, pero permanecer en la espesura de los conflictos y, aun así, mantener el equilibrio y una actitud pacífica, además de seguir contribuyendo a resolverlos, no es una tarea cualquiera. Esto es precisamente lo que hace el Señor Maitreya por la humanidad, a pesar de nuestra indiferencia hacia Sus acciones.
Presidir un grupo armonioso no es gran cosa. Lo difícil es cuando presidimos un grupo de personas altamente conflictivo, en el que hay muchas discrepancias, perturbaciones y discordia. Hay que ser muy empático y estable para hacer frente a una situación así. Sabemos que el Kali Yuga, la actual era oscura, está llena de conflictos y luchas. ¡Se necesita una gran estabilidad para guiar a una humanidad que vive eternamente en conflictos!
El equilibrio se encuentra en el plano del alma. La humanidad es un alma colectiva. Desde el plano del alma podemos ver desde dónde lleva a cabo Maitreya su labor. El Señor Maitreya denomina a este estado Samana Dharma (Sam y Samana significan equilibrio y serenidad, mientras que Dharma significa ley). «Equator Equal», «ecuador equilibrado», son palabras del maestro C.V.V. El yoga de Patanjali denomina a este estado Sama Adi, que es Samadhi. Sama Adi significa reinar con equilibrio sobre todos los planos de conciencia.
SAM es el mantra de Saturno y aporta equilibrio. El mantra SAM se imparte a las personas desordenadas, junto con una disciplina especial para los sábados por la mañana, el momento regido por Saturno. También ayuda el OM cuando queremos encontrar equilibrio y armonía, así como los colores azul y blanco. Estos representan la luz, la paz y el equilibrio.
Desde un punto de vista superior, se considera un sacrificio descender a los planos del conflicto y trabajar allí por el equilibrio. Esto se denomina el Gran Sacrificio, que llevan a cabo desde tiempos inmemoriales los Hijos de la Luz y los Hijos del Sonido.
/Fuentes utilizadas: K.P. Kumar: Las Enseñanzas de Kapila. Varias notas de seminarios. The World Teacher Trust / Ediciones Dhanishtha España (www.edicionesdhanishtha.com).







