Compromiso
Con Pleno Interés
Cada trabajo que nos asigna la naturaleza sirve para ampliar nuestra conciencia, si respondemos a lo que nos depara cada día. Para poder vivir la experiencia prevista, es importante realizar el trabajo con compromiso e interés. Así se produce gradualmente una transformación. Si somos descuidados y actuamos sin rumbo fijo, difícilmente pasa algo. Solo acumulamos experiencias mientras trabajamos, y nuestro compromiso determina el alcance de las experiencias que acumulamos. Una vez que se ha completado un trabajo, ya no hay más experiencia. Completar el trabajo no es un objetivo.
Nos concentramos en la tarea actual. Nos dedicamos por completo al trabajo que hay que hacer, pero no tenemos expectativas sobre el resultado de nuestro trabajo. Nuestro interés se centra en el trabajo en sí y en nada más. Una vez que el trabajo se ha completado lo mejor posible, pasamos al siguiente sin pensar en el trabajo anterior ni en el futuro. Nuestro interés y atención se desplazan así de un trabajo a otro, tan pronto como este se presenta.
Cuando prestamos un servicio, lo hacemos con total interés y compromiso. La calidad de nuestro trabajo y nuestro compromiso son más importantes que lo que hacemos. Es importante disfrutar del servicio y tener la intención correcta en cada actividad. En los círculos superiores no se evalúa si tenemos éxito o no, sino si nuestros pensamientos, palabras y acciones están en armonía. Si es así, nuestras palabras y acciones se vuelven magnéticas y atraemos lo bueno. La gente se interesa.
Por lo general, prestamos más atención a ciertas actividades que consideramos importantes y menos a otras. Esto nunca debería ser así; deberíamos abordar cada tarea de la misma manera y con el mismo compromiso. Puede tratarse de una actividad sencilla, como lavarse los dientes, bañarse o comer. Nos dedicamos con devoción a cada trabajo que hacemos, ya sea grande o pequeño, independientemente de que los demás lo reconozcan o no. Si somos descuidados porque pensamos que un trabajo es insignificante, ese mismo descuido se manifestará también cuando hagamos algo grande. Los errores en un trabajo grande se deben a errores en un trabajo pequeño. Los errores simplemente se propagan.
Quien está en armonía con lo divino nunca descuidará una acción, por pequeña que sea. Simplemente cumplimos lo mejor que podemos con el deber que nos corresponde, sea cual sea, y así nos relacionamos con el plan divino.
Si estamos atentos y cumplimos con nuestros deberes con dedicación, la naturaleza nos lleva a realizar un trabajo más importante. A la naturaleza le gustan aquellos que asumen responsabilidades, porque sabe que las personas responsables pueden ocuparse de un gran número de tareas y personas. Por eso debemos aprender a cumplir con nuestras obligaciones, sean cuales sean, y a través de ellas conectamos con lo divino. Ese es el propósito del trabajo. Entonces, automáticamente se nos asignarán más y más tareas y seremos incluidos en el plan divino.
Acciones con Valor Espiritual
Realizamos nuestro trabajo con orientación espiritual y en conciencia espiritual. Esa es la forma ideal de trabajar. En cualquier trabajo, nuestra actitud puede ser espiritual. La oración y la meditación nos permiten dar un valor espiritual a cada acción. El maestro CVV dijo: «Cuando os dedicáis a vuestro trabajo, yo entro en vosotros y os facilito el trabajo, mientras vosotros os alegráis por lo que está sucediendo. El trabajo del que hablo es el trabajo de la buena voluntad. ¡Comprometeos con el trabajo de la buena voluntad y creced en la sociedad aprendiendo yoga!».
El maestro CVV prometió armonizar nuestra vida interior y exterior. Solo pidió que nos mantuviéramos centrados en él mediante oraciones por la mañana y por la noche. Nuestra sinceridad en la oración demuestra que estamos comprometidos con este camino. Nos comprometemos interiormente con el maestro a rezar regularmente por la noche y por la mañana a las 6 en punto, o dos veces al día en otro momento con un intervalo de 12 horas: «Si por la noche a las 6 en punto no podéis invocar el sonido y sentaros a rezar debido a vuestro trabajo, podéis recordaros de mí y rezar más tarde durante el día».
La oración confiere a cada una de nuestras acciones un valor espiritual que impregna nuestra familia, nuestra profesión y nuestro entorno sin que tengamos que hablar de ello. Si nos dedicamos regularmente a este yoga de la síntesis a través de la oración, en pocos años se producirán cambios fundamentales en nosotros. Quizás nosotros no lo percibamos, pero las personas de nuestro entorno notarán que hemos cambiado en cuanto a nuestros movimientos, nuestro lenguaje, nuestra capacidad de pensar y nuestra capacidad de trabajar. Si no somos sinceros en la oración, no sucederá nada en este camino.
Si realmente queremos tener una aspiración espiritual, la aspiración debe impregnar cada una de nuestras actividades. Si esto no ocurre, significa que no hay suficiente fuego para el deseo de espiritualidad. La espiritualidad no puede ser un trabajo a tiempo parcial. No podemos tomarnos vacaciones para la espiritualidad. Dondequiera que estemos, hagamos lo que hagamos, podemos extender la espiritualidad a cada parte de nuestra vida.
Compromiso Propio
Muchos se entusiasman con la idea de la espiritualidad. Van de aquí para allá, pero no se dedican realmente a ningún tema. No se comprometen con un camino de vida concreto y desperdician mucha energía. Las personas que no tienen compromiso son como hojas secas que se mueven con el viento. Podemos comprometernos con un camino y también hacer otras cosas, pero si probamos un camino durante un tiempo y luego otro, no podremos alcanzar la meta. Hay tantos caminos en la vida, pero si no se sigue ninguno de ellos, no se puede alcanzar ninguna meta.
El maestro trabaja para el plan y, por lo tanto, forma parte de él. Su parte es muy amplia y, como alumnos adecuados, entramos en ella. Somos libres de comprometernos con ella, pero una vez que tomamos la decisión, debemos permanecer fieles a nuestro compromiso. El plan de trabajo es ejecutado por los sabios a lo largo de eones, y nosotros entramos en este trabajo como sujetos de prueba. Cuanta más prioridad le demos a este compromiso, más creceremos con él. Nuestra vida personal pasa a un segundo plano y el trabajo pasa a primer plano.
Aprendemos a organizar nuestra vida de manera que estemos constantemente disponibles para el trabajo. Al igual que no hay vacaciones para respirar, tampoco hay vacaciones para trabajar, a menos que el trabajo conceda vacaciones. Aunque trabajemos para el plan, hay momentos en los que podemos descansar. No podemos decir: «No estoy disponible para trabajar durante 30 días». Sincronizamos las vacaciones con el trabajo. Esa es la lealtad que se exige al discipulado. Incluso en el trabajo relacionado con el gran plan hay vacaciones. «Del trabajo al descanso y del descanso al trabajo» es la ley. Funciona según la ley de la alternancia. Respondemos a nuestra propia conciencia sobre si somos lo suficientemente leales y comprometidos con el trabajo. Es la exigencia que surge de nuestro propio compromiso. Esto no lo exige el maestro; el maestro no exige nada.
Todo discípulo que realice un trabajo global y se comprometa con él tiene una oportunidad justa de convertirse en maestro. Es como un trozo de hierro que se convierte en imán en presencia de otro imán. Es esta transformación la que encontrará todo discípulo en el camino hacia el templo de la sabiduría. Sin devoción, la sabiduría no llega a nosotros. Cuanto más comprometidos, dedicados y decididos estemos al cumplir con nuestras obligaciones, más aumentará la luz en nuestro interior.
Sraddha
Esta actitud se denomina Sraddha en sánscrito. No podemos traducir Sraddha con una sola palabra en español o en inglés. Sraddha se caracteriza por un profundo interés, compromiso, sinceridad y perseverancia en el camino espiritual. Lo contrario de sraddha es la indiferencia, la apatía. La mayoría de las personas son, en general, indiferentes y superficiales. No son especialmente comprometidas, concentradas y dedicadas. Vivimos en un mundo extremadamente superficial, en el que, por razones de etiqueta social, hablamos constantemente de muchas cosas que realmente no pensamos. Si no tenemos sraddha, olvidamos las cosas fácilmente. Sobre todo, las enseñanzas de la sabiduría pueden olvidarse muy fácilmente. Por eso se las denomina secretas. Las olvidamos una y otra vez, por mucho que se nos transmitan y por muy abiertamente que se nos enseñen. Solo recordaremos estas enseñanzas si tenemos sraddha. Sraddha es entusiasmo sin motivo, el mayor cuidado hacia los demás y continuidad en la práctica espiritual. Es «el fuego sagrado».
En esta dimensión, el sexto rayo de la devoción a Dios nos ayuda a desarrollar sraddha. También nos ayudan los preparativos y la realización de rituales. Lo divino no necesita nuestras fragancias, flores y luces, pero estas cosas sirven para aumentar nuestro sraddha. Leer, escuchar o contar historias de Dios aumenta nuestro sraddha y, con ello, también nuestra capacidad de memoria.
Cuando realizamos acciones con mucho sraddha, los devas están satisfechos con nosotros y suceden cosas asombrosas a través de nosotros. Los devas colaboran con nosotros de todas las formas posibles. Todas las capas de nuestro cuerpo se animan gracias a su activa colaboración. En nuestras acciones, lo divino actúa a través de nosotros. Nos olvidamos de nosotros mismos y solo queda lo divino.
Fuentes utilizadas: K.P. Kumar: La Escalera de Oro; notas de diversos seminarios. The World Teacher Trust / Ediciones Dhanishtha España (www.edicionesdhanishtha.com) https://worldteachertrust.org/_media/pdf/es/golden_stairs.pdf







